sábado, 21 de enero de 2012
Era de tarde. Y muy tarde para cumplir con la obligación ciudadana. Eran las seis menos cuarto, y en mi cuarto había clima amarillo, de felicidad tonta, esa que te ablanda el corazón y se ríe. Pensar en volver a verte me hacia temblar hasta los dedos. Seguramente siga cometiendo errores y eso ya no me importa, aunque ese mismo tren sea el que me lleva a tu puerta otra vez, ya no me importa, no me importa nada porque comprendí donde está mi felicidad. Entonces sigo esperando que sea la hora de salir. Detalle mas, detalle menos. Te espero, el mundo se mueve y nos sacude, y se sacude como un perro para expulsarnos al espacio.
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