domingo, 5 de febrero de 2017
Pelotudos
El tipo viene, se sienta con furia al lado mio. Mira el celular, respira tan fuerte que molesta a la música que sale por mis auriculares. Putea entre dientes, mira para todos lados. Pide un remis, no viene. Espera, se levanta, se vuelve a sentar sin dejar de mirar el celular y responder. Se vuelve a levantar como un rayo y se va hacia la otra remiseria. Vuelve, se sube a un bondi en movimiento y desaparece para siempre. Yo me pregunto por qué tanta intensidad, si aun en una mala noticia no logramos mejorar la situación poniéndonos histéricos. La forma en que muchos hoy viven o vivimos el amor desemboca en ese tipo de cosas. No hay nada en el medio, todo debe ser ya, y si te conectaste a las 15:34 y no me respondiste el whatsapp: PUM!, quilombo en puerta. Y todos peleando, y todos queriendo llegar para pelear mejor, y todos mendigando amor. De ese amor enfermo que se quiere morir a cada momento, que cuenta los días como prisioneros sin esperanzas de libertad, tachando rayas en una pared, se van los meses y los años y la vida se vuelve esa cosa asquerosa de tirar el amor donde caiga de pie y no pensar mas. Se van los años y ser feliz es un mal recuerdo del futuro que jamás ha llegado...
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